Empatía

En cierta ocasión me preguntaba si uno puede llegar a desarrollar y aumentar la empatía. Deberíamos comenzar por aclarar el concepto. Entre los expertos en materia de emociones destaca con luz propia el monje budista Matthieu Ricard, que afirma que la empatía es sentir lo que otros están experimentando y resonar con ellos. Cuando conocemos a alguien lleno de alegría, también experimentamos alegría. Lo mismo se aplica al sufrimiento; por medio de la empatía experimentamos el sufrimiento que está padeciendo otra persona. Me gusta esta idea de resonancia. De manera que si somos empáticos, venimos a ser como cuerdas que vibran en una misma frecuencia. Tanto en lo positivo como en lo negativo, según nos dice. Es muy importante tener en cuenta esto. La cuestión es que –como señalaba en un post sobre la paciencia– esta competencia nunca se nos ha enseñado. Es algo que lleva cada uno en su carácter. Y en este punto surgía mi pregunta. Seguramente nos hemos cruzado con alguna de esas personas que no les preocupa en absoluto cómo nos sentimos, personas con serios problemas de sociabilidad, personas que viven en su propio mundo interior. Pensaba en esas precisamente cuando hablaba de desarrollar la empatía. En la posibilidad de cambiar esa actitud totalmente insolidaria y egoísta. Si es cierto que las emociones constituyen una de las diversas clases de inteligencia y por tanto se pueden enseñar, tal vez también estas personas puedan aprender determinadas competencias en la materia como la que estoy tratando. O en palabras del maestro Ricard, resonar con los demás, sintiendo aquello que experimentan.

Empatía

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4 comentarios to “Empatía”

  1. Así es Jose cuando una persona está principalmente centrada en sí misma, en satisfacer sus deseos y en su propia comodidad, no se preocupa por lo que los demás puedan estar sintiendo y no tiene una respuesta empática ante ellos. El único modo de hacer que el mundo sea cada vez más empático y no al revés, consiste en que cada persona se esfuerce por ser más empática, prestando más atención a los demás, a sus emociones, a lo que pueden estar sintiendo o pensando, o cómo les afecta lo que dices o haces.

  2. Yo creo que no hay mente a la que no se pueda llegar sobre todo preocupándote de ellas y menos con intenciónes tan positivas como la de hacer sentirse bien a aquellos que por si solos no pueden. Habría que indagar más en las formas de como contagiar esas mentes aparentemente clausuradas por que estoy seguro de que si les enviamos luz algún rayo siembre penetra. Gran artículo!

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