Azul

A menudo me pregunto por qué las gotas de lluvia

sobre los charcos

forman misteriosos círculos concéntricos,

concéntricos como nuestras existencias,

que creo que nunca se llegan a tocar.

A menudo me siento fascinado por las estrellas,

hogueras calladas en la noche del universo,

cercanas según los ojos,

aunque en realidad

separadas por millones de años y espacios.

 

Una mariposa dulcemente indolente

en mi cabeza de aire,

de aire también las pequeñas cosas que me rodean.

Sus inmensas alas de ceniza

asesinan sin compasión ambiciones y voluntades.

Las horas, los días, los meses, los años

estúpidamente en la hojarasca.

Nadie sabe adónde van,

adónde van todos estos fragmentos

rotos, perdidos, desperdiciados.

 

Demasiadas tardes de lluvia y cristal

Se aglomeran en mis pupilas cansadas.

Si pudiera cortar los felices hilos

de los terribles recuerdos,

Si pudiera dejar de pensar por un solo instante.

Me compadezco de mi estupidez de soñador

que sueña en voz alta y despierto,

que ve derrumbarse castillos de arena

en la espuma de la realidad sin nombre

hasta el infinito.

 

De La Edad de la lluvia

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