CIII. De musica sphaerarum

– Perdone, ¿es usted el doctor Garrido? – Interrumpió Salva.
– Sí, pero le recuerdo que no estoy en hora de visitas, joven, si quiere revisar el examen pase más tarde.
– Oh, no es nada de eso.
– ¿No? ¿Entonces qué es lo que desea?
– Vengo de parte de Dante, es un asunto muy importante.
– ¿Dante? No puede ser, hace muchos años tuve un alumno que se llamaba así, pero después me enteré de que… ¿Está seguro?
– Sí, anoche mismo estuve hablando con él y me dijo que viniera a verle, necesito su ayuda.
– Está bien. Señores, discúlpenme, mañana proseguiremos nuestra charla.
El profesor subió con el joven hasta su despacho y cerró con llave para que no los molestasen. Parecía muy interesado.
– Dante ha sido uno de los mejores alumnos que he tenido, es una lástima que no acabase la carrera, renunció a todo por la música, una lástima, de todos modos, me consta que falleció.
– Así es.
– ¿Entonces cómo puede ser que haya hablado con él?
– Creo que tiene bastante relación con este libro.
Salva depositó sobre la mesa el pesado volumen. El doctor Garrido permaneció unos segundos mudo de sorpresa.
– ¡Dios santo! Pero si es el De musica sphaerarum, casi no lo recordaba. ¿Cómo ha llegado hasta sus manos?
– Estaba en casa de Dante.
– Siempre lo sospeché. Este libro fue robado hace tiempo de la biblioteca de la Facultad. Nunca se descubrió quién lo hizo, sin embargo, desde el principio estuve convencido de que era Dante. Yo mismo fui quien se lo dio a conocer, él estaba muy interesado en lo esotérico y me pidió bibliografía sobre el tema.
– ¿Lo ha leído usted?
– No, pero sé que no es una lectura recomendable. – El profesor detuvo unos segundos su conversación para encender un cigarrillo. – Le voy a explicar una pequeña historia, la historia de un libro maldito, allá por el siglo XIII un monje de una abadía del norte de Italia descubrió en una laberíntica y gigantesca biblioteca un manuscrito, estaba redactado en latín clásico y, por desgracia, no conocemos su autor, se cree que pudo ser un astrónomo, aunque hay algunos que sostienen que es obra de un erudito en las artes ocultas, el caso es que el religioso en cuestión recuperó el volumen del olvido, estudiándolo, poco después se desató un misterioso incendio que convirtió todo el lugar en cenizas, uno de los supervivientes halló, asombrosamente, el libro en perfecto estado, toda la biblioteca había sucumbido bajo las llamas excepto aquel manuscrito, el monje que se lo quedó no tardó en perder el juicio, así que a lo largo de los siglos ha ido pasando de mano en mano y, lo más preocupante, es que sus sucesivos propietarios no han corrido muy buena suerte.

Continuará

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