CIV. De musica sphaerarum

– Francamente pone los pelos de punta. ¿Pero sabe de qué trata el libro?
– En principio es un tratado sobre astronomía, como su propio título señala es lo que los clásicos denominaron música de las esferas, de alguna manera creían que el cosmos y sus planetas están dominados por las notas del pentagrama. Los mismos que defienden el carácter esotérico de la obra aseguran que es una fuente de revelaciones.
– ¿Revelaciones? ¿De qué tipo?
– Por ahora las desconozco, nunca me he atrevido a indagar en esas páginas malditas, aunque alguna vez he tenido la tentación.
– ¿Y no le gustaría por fin averiguar qué es lo que ocultan?
– Mire, joven, – El doctor Garrido, frunciendo el ceño, apagó el cigarrillo en el cenicero. – No soy ni mucho menos de los que creen en supersticiones y fantasías, sin embargo, debe saber que abrir ese libro puede tener consecuencias para nosotros, consecuencias que no podemos siquiera imaginar, tenga en cuenta lo que ha sucedido antes.
– Hágalo por Dante.
– En fin, lo haré, pero no por Dante ni por usted, sino por lo único que me ha motivado en mi larga existencia, la curiosidad. Solamente le pido una condición.
– ¿Cuál?
– Cuando termine de estudiar el libro, este volverá al lugar al cual pertenece, a la biblioteca de la Facultad.
– Está bien. Supongo que Laura, la viuda de Dante, estará de acuerdo.
– Hoy mismo comenzaré, venga a verme de aquí a…. Digamos que un par de semanas, me temo que va a ser una tarea difícil, de todos modos no será la primera, representa un desafío para mí y siempre me ha encantado resolver misterios.
– Muchas gracias por su ayuda.
– No hay nada que agradecer. Dé recuerdos a Dante.
– En realidad no es… bueno, no importa.
Aquella noche el tenebroso visitante no se presentó en casa de Salva. Debía de esperar también que el profesor acabase su estudio. El joven pasó así una temporada bastante tranquila, casi llegó a olvidarse del asunto, las clases y los ensayos con su grupo iban bien. Pero sabía que cuando fuese a hablar con el profesor la pesadilla volvería. Como no podía retrasar el momento, una mañana salió de casa y atravesó el claustro de Filología. Esta vez lo encontró en su despacho. El hombre que estaba sentado detrás de la mesa no era el mismo que conoció, parecía que habían pasado años en lugar de días por su pequeño cuerpo, su mirada reflejaba la oscuridad de quien ha descubierto el horror en mayúsculas.

Continuará

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