CLI. Madre Tierra

La conversación continuó durante la cena. Me sorprendió que mi amiga tuviera tantos conocimientos sobre materias relacionadas con el ocultismo, lo cierto es que todo aquello me parecía muy interesante, y es que en alguna de mis investigaciones había tenido la oportunidad de escarbar en ese mundo. Asimismo no entendía por qué l’avi me había sugerido hablar con Gloria, qué relación podía tener ella con el niño desaparecido, supuse que era otra de las extravagancias de aquel viejo anclado en las supersticiones de tiempos pasados. Después de cenar ya había anochecido y mi amiga insistió en que me quedase a pasar la noche. Como se puede imaginar, no me costó aceptar.

Mi habitación era amplia, con antiguos muebles de madera, sin objetos tan habituales como una lámpara eléctrica o una radio. Antes de echarme a dormir, permanecí un rato apoyado en el alféizar de la ventana, la luna, en avanzada fase creciente, permitía observar con claridad los alrededores, una brisa fresca de montaña me trajo el intenso aroma de la hierba, no puedo describir la sensación de bienestar que experimentaba. Cuando caí en la mullida cama no tardé en conciliar el sueño. Sin embargo unas horas más tarde desperté bruscamente. Creía haber escuchado un niño llorando. Como solamente pude percibir silencio, me di la vuelta, quizá había sido producto de mi imaginación. Al poco volvió a sonar aquel extraño sollozo. Parecía que procedía de algún lugar de la masía. Instintivamente, como suelo hacer casi todas las cosas, me levanté para explorar. Ya en el pasillo pude comprobar que el sonido era muy real. Aquello no encajaba. Gloria no me había contado que compartiera la casa con alguien, y menos con un niño, de hecho, la gente del pueblo afirmaba que vivía completamente sola. Por otro lado, el consejo de l’avi iba adquiriendo un sombrío sentido. No sabía aún por qué, pero mi amiga me estaba ocultando algo, algo importante. El caso es que unos pasos resonaron en el salón y a continuación un portazo. Alguien había salido. Fui hasta una ventana. Bajo la luz de la luna pude distinguir una silueta que corría, llevaba una túnica blanca y tenía largos cabellos. En principio la descripción coincidía con la de Gloria. Necesitaba saber adónde se dirigía de forma tan precipitada.

Mientras la seguía entre la pradera recordé que el sollozo había parado misteriosamente en el preciso momento en que retumbó la puerta. De todos modos yo sólo había observado una persona saliendo de la casa. Realmente estaba confuso. Más piezas que se escapaban de aquel puzzle. Pensaba que mi amiga me llevaría hasta la explicación de todo lo que estaba sucediendo. Sin casi darme cuenta nos habíamos adentrado en un espeso bosque de hayas. Ya no podía ver con tanta facilidad, aunque su vestido blanco ayudaba bastante. De improviso la carrera terminó. Increíble. Alrededor del enorme tronco de un árbol bailaban varias mujeres cogidas de la mano –a las cuales se había unido Gloria–, todas ellas sólo llevaban puesta una túnica del mismo color. Sin duda se trataba de algún tipo de ritual pagano. Asimismo cantaban. En una lengua que nunca había escuchado. No entendía lo que significaba, pero había algo magnético en aquella melodía, incluso me atrevería a decir que erótico. Tal vez porque aquellas voces parecían cálidamente susurradas en mis oídos, o porque aquellas mujeres mostraban una belleza turbadora. Como una escena sacada de un cuento de hadas.

Continuará

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