CLIII. Madre Tierra

– Buenas tardes.

– Buenas tardes.

– Fue a ver a Gloria, ¿no?

– Así es.

– ¿Y?

– Como comprenderá no puedo explicarle nada sobre la conversación que tuvimos. Podría afectar al curso de la investigación.

– ¿Pero ha descubierto algo?

– Lo único que puedo decirle es que tengo una pista.

– ¿Una pista? ¿Sabe ya adónde está Blai3? ¿Está vivo todavía?

– Vaya, parece usted el inspector.

– Perdone, sólo quería saber algo sobre el chiquillo, como todos los del pueblo.

– Entiendo perfectamente su preocupación. De momento hay que esperar, en cualquier caso, es prematuro e inadecuado hacer una declaración sobre el asunto.

– Todo sea por encontrar al pequeño Blai.

– De momento tengo intención de explorar detenidamente los alrededores del pueblo, tal vez quede todavía algún rastro.

– Conozco estos bosques como la palma de mi mano, si quiere le puedo ayudar, ¿qué me dice?

– Perfecto, muchas gracias.

– No hay de qué.

– Por cierto, en otra ocasión usted se refirió a sucesos inexplicables en esta zona, ¿ha podido observar alguno recientemente?

– ¿Por qué me lo pregunta? ¿Es que usted ha visto algo raro?

– Ya sabe que de momento no puedo comentar nada.

– Quien se ha atrevido a salir en noche de luna llena por el bosque del Ralom puede contar una historia que muy pocos creerían.

– ¿Como la historia de unas extrañas mujeres bailando y cantando?

– ¿Verdad que son las más guapas que nunca ha visto?

– Sin duda.

– Me parece que ha descubierto cosas bastante interesantes, pero no se preocupe, no voy a darle la lata con más preguntas.

– De acuerdo, sólo le necesito como guía.

Aquella tarde estuvimos recorriendo los lugares por los que podría haber pasado el niño desaparecido, lo cierto es que no hubo resultados, ningún indicio que pudiese ser útil, quienquiera que lo secuestró había tomado muchas precauciones, no se trataba de un aficionado, la pregunta surgía de nuevo, ¿estaba implicada mi amiga en aquel grave asunto? Dormí en el hostal, aunque no muy bien. No podía evitar dar vueltas sobre la investigación. Asimismo me hallaba ansioso por examinar la masía, confieso que realmente me importaba si ella era inocente. Y amaneció. Mientras me afeitaba, antes de bajar a desayunar, sonó bruscamente mi móvil. En la pantalla aparecía el nombre del comisario.

– Buenos días.

– Buenos días, ¿quiere que le dé una buena noticia?

– Ha conseguido la orden judicial para registrar la masía.

– No crea que no me ha costado, he tenido que insistir bastante para que me la concedieran tan pronto.

– Se lo agradezco sinceramente.

– En menos de una hora llegarán a Les Rodones un par de agentes para ayudarle en la tarea.

– Supongo que van de paisano.

– Por supuesto, ya sabe que debemos llevar el tema con la máxima discreción.

– En cuanto terminemos le llamo.

– Espero que encuentren algo.

– Más bien alguien.

– Eso sí que sería una buena noticia, encontrar al chiquillo, sano y salvo por supuesto.

Continuará

3 Recordemos que Blai es el nombre del niño desaparecido

 

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