CLV. Madre Tierra

– Creo que me he equivocado contigo.

– No tienes que disculparte.

– No me gustaría que esto cambiara las cosas entre nosotros.

– Todo va a seguir igual. A lo largo de la historia ha habido mucha gente que se ha equivocado, pero son muy pocos los que lo han reconocido.

– Supongo que me he dejado llevar por todas las historias que he escuchado últimamente.

– Es normal, ya te comenté que tu mente es demasiado racional.

– No sé si tomarlo como un cumplido o una ironía.

– Como tú quieras.

Ambos comenzamos a reír. Mi plan estaba funcionando.

– ¿Por qué no te quedas a comer?- Me sugirió.

– No sé, es tarde y tengo que buscar a otro sospechoso.

– Para ser inspector tienes un sentido del humor muy desarrollado.

– Solamente me pasa con las mujeres que me caen bien.

Gloria me miró con unos ojos que me atrevería a afirmar que reflejaban una infinita ternura. Sin embargo procuré no pensar en lo que podía sentir por mí, porque yo sí estaba seguro respecto a lo que sentía por ella, y ahora más que nunca debía mantenerme centrado, continuaba siendo sospechosa y podía aportar información muy útil para resolver aquella investigación cada vez más complicada. De manera que en la comida me mostré en todo momento bastante simpático. Pensé que quizá el alcohol – de una curiosa cerveza preparada por ella misma – desataría su lengua y fui llenando constantemente nuestras copas. Al final comencé a sentir una somnolencia como nunca había conocido, mientras que mi amiga permanecía sobria por completo.

– Vaya, creo que he bebido más de la cuenta…

– Eso parece.

– ¿Tú no tienes sueño?

– Pues yo tengo que hacer verdaderos esfuerzos para no cerrar los ojos.

– Puedes echarte un poco en alguna habitación.

– Pero debería irme.

– No estás en condiciones de conducir.

– Tienes razón, como siempre. No me pasaba esto desde los tiempos de la universidad, cuando…

– Ahora lo que tienes que hacer es descansar.

Lo último que recuerdo antes de caer dormido es que Gloria puso el dedo índice sobre sus labios y, apoyándome en ella, me acompañó hasta una cama.

Me desperté entre una muchedumbre exaltada y rugiente, todos llevaban puestas ropas antiguas, seguramente medievales, incluso yo mismo, la plaza en que estaba me resultaba familiar, tal vez es que la fachada de la iglesia me recordaba a la de la parroquia de Sant Celoni, aunque las piedras se hallaban en mucho mejor estado, como si hubiese sido construida hacía solamente unos años, una carreta avanzaba penosamente hasta el centro, la gente lanzaba hortalizas podridas e insultaba a su ocupante, una anciana de aspecto completamente inofensivo, al principio pensé que se trataba del rodaje de una película, sin embargo pude comprobar que allí no había cámaras ni actores, de manera que unos soldados hicieron bajar a la vieja y la ataron a un tronco que sobresalía de una pila de leña, un personaje que bien podría ser un alguacil leyó en lengua catalana bastante arcaica una sentencia, en definitiva decía que iba a ser quemada por bruja, no podía creer que aquello estuviese sucediendo, ¿es que todos se habían trastornado? el caso es que yo no podía hacer nada, era un espectador más, y tuve que observar cómo prendían fatalmente la hoguera, aunque lo más horrible, que jamás olvidaré, son los gritos de la pobre condenada, insistiendo una y otra vez, en un catalán sorprendentemente moderno, que ella no era bruja, que no se llamaba Berenice, sino Gloria y… venía del futuro.

Continuará

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