CLVI. Madre Tierra

Descubrí que se había tratado de un sueño –en realidad una pesadilla- cuando observé el dulce rostro de Gloria. Me preguntaba qué hacía ella en mi habitación. Pero no me hallaba en mi habitación. Había árboles a mi alrededor. Por otro lado sentía frío en mi espalda. Quise moverme. Era incapaz. No estaba tumbado sobre una cama mullida, sino sobre una losa de piedra, completamente atado. No entendía nada.

– ¿Qué está pasando? ¿Es un juego o algo así?

– No es mi propósito jugar con vos.

– Pues desátame.

– Cosa dificultosa me pedís.

– No tiene gracia, además, ¿por qué hablas de esta manera?

– Es mi verdadero uso de la lengua.

– Pero si tú nunca has hablado así.

– ¿Acaso todavía no os habéis percatado que no soy Gloria?

– No sabía que tuviese una hermana gemela.

– En verdad que sois necio.

– ¿No tendrá relación con el sueño que he tenido?

– Vais comenzando a sacar el hilo, mas andáis errado cuando decís que fue sueño.

En aquel momento la sangre pareció helarse en mis venas, por increíble que resultase, la posibilidad de que aquella mujer no fuera Gloria tomaba más consistencia.

– Entonces debo llamarte Be… no me acuerdo cómo dijo…

– Y eres una bruja.

– La última de una antigua saga, en contra de aquello que afirman los libros sobre historia.

– ¿Qué afirman?

– Que fui ajusticiada por la Inquisición en la villa de Sant Martí de Pertegas en el año de Gracia de 1266.

– Pero todo esto es imposible.

– Vuestra amiga Gloria me hizo gran favor cediéndome su envoltura carnal.

– ¿Quieres decir que os intercambiasteis los cuerpos?

– Ciertamente.

– ¿Y cómo pudiste llegar hasta nuestra época?

– Soy poderosa hechicera, todo es cosa de conjuros y sortilegios, puedo saltar de un cuerpo a otro o atravesar los siglos como un ave volar.

– Seguramente no eres Gloria, pero todo esto que me estás contando es inverosímil por completo, simplemente no te creo.

– Podéis creer cuanto queráis.

– ¿Dónde está mi amiga?

– Deberíais presumir que abandonó esta vida hace largo tiempo.

– Estás mintiendo.

– Lamento deciros que no.

– Al menos confiesa qué has hecho con el niño desaparecido.

– Por ahora se halla sano y salvo, en verdad nunca ha sido de mi interés.

– ¿Y por qué lo secuestraste?

– Pretendía llegar hasta vos.

– No te entiendo.

– Tanto este infante como aquel que desapareció no ha más de un año representan meros peones en mi partida, vos sois la única pieza que necesito.

– ¿Para qué demonios me necesitas?

– Descubrí en vuestras ardientes pupilas que os hallabais prendado de Gloria y toda hechicera sabe que la inmolación de un varón en tal estado otorga potencias con que jamás se soñó.

– Realmente estás loca.

– Vos sois una mente de este tiempo y no podéis alcanzar a imaginar siquiera los prodigios de nuestra Madre Tierra.

– Te has convertido en una fanática religiosa.

– No vayáis errado, el delirio es cosa de aquellos aldeanos y clérigos que llevaron a vuestra amada Gloria hasta la hoguera.

– Si no quieres complicar las cosas, suéltame enseguida y llévame hasta donde está el niño.

– No habéis entendido, estáis destinado a ser la llave que me abra las puertas de la máxima sabiduría, pues vuestra sangre no será derramada en vano. Debemos aguardar hasta que la luna haga aparición en el firmamento.

Continuará

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