CLVIII. Madre Tierra

Realmente aquel hombre demostró astucia, pero no compartía su odio hacia la supuesta bruja, quizá porque me recordaba demasiado a Gloria, asimismo, observarla en la tierra, desmayada, con su pierna sangrando abundantemente me inspiraba un lógico sentimiento de compasión y me hacía olvidar, o al menos perdonar, que hubiera intentado matarme. De forma que, aprovechando mis conocimientos sobre socorrismo, improvisé un torniquete con un pañuelo y la arropé con mi cazadora, para que resistiese hasta que llegara la ayuda. En apenas media hora ya había regresado junto a ella y no mucho después apareció un helicóptero de la Cruz Roja. Mientras nos dirigíamos hasta un hospital la mujer recuperó la conciencia y comenzó a repetir una frase con vehemencia. Hubo que inyectarle un sedante. Al principio creí que deliraba. Ahora entiendo perfectamente a qué se refería cuando murmuraba La Madre me ha abandonado.

Aquella misma noche fue operada. Según informaron los médicos su estado era reservado, aunque no había que temer por su vida. De alguna forma me sentí aliviado. No fue la única satisfacción. Estaba en la cafetería del centro, tomando algo para no dormirme, y vibró mi móvil. Era una llamada de l’avi. Había encontrado al pequeño Blai. En una cabaña muy próxima a la piedra del sacrificio. Sólo tuvo que orientarse escuchando el llanto del niño. Lo felicité de buena voluntad, sin duda se había convertido en un héroe local, salvándome y hallando al desaparecido. Parecía que el caso estaba resuelto. Sin embargo todavía quedaba una pieza. La mujer que estaba postrada en una cama de la unidad de vigilancia intensiva. ¿Quién era en realidad? El problema es que iba ser juzgada por secuestro e intento de homicidio una persona que todos pensaban que era Gloria. ¿Cómo podía demostrar yo que no lo era? No tenía pruebas y, por otro lado, nadie creería la fantástica historia que me contó, ni siquiera la creía yo. Se trataba de una terrible injusticia. Decidí que lo mejor era marcharme a casa, me encontraba bastante cansado y no podría interrogarla hasta el día siguiente.

La melodía del móvil me sacó de un profundo sueño, apenas había dormido unas pocas horas, con los ojos entrecerrados pude distinguir el nombre del comisario. Debía ser muy importante lo que quería decirme para despertarme después de una noche tan agotadora. No me equivocaba. Había sucedido algo y me pedía que fuera al hospital lo antes posible. No me explicó más. De manera que me duché y me vestí en un tiempo verdaderamente record. Una vez recuperado mi aspecto normal, me subí al coche y pisé el acelerador. Mi propio superior se sorprendió que llegase tan pronto.

– ¿Ha sucedido algo grave?

– Acompáñeme.

Su rostro era bastante serio, cosa que no me hacía pensar bien sobre lo que hubiera podido pasar con la paciente. Cuando llegamos a la habitación me hizo un gesto para que pasase. Entré y no la vi. Después me fijé que bajo las sábanas de la cama yacía un esqueleto calcinado. Tuve que contener las náuseas.

– ¿Qué significa esto?

– Pues para ser sincero, no lo sabemos exactamente.

– ¿Qué quiere decir?

– Espere un momento.

El comisario le dijo al agente que había en la puerta que bajara a tomarse un café y seguidamente cerró.

Continuará

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