CLIX. Madre Tierra

– Lo que voy a contarle ahora es estrictamente confidencial.

– A las tres de la madrugada aproximadamente se escucharon gritos en esta misma habitación y la enfermera de guardia acudió enseguida, ella fue la primera y pudo verlo todo, según me ha confesado la única persona que había aquí era una anciana…

– ¿Una anciana?

– Sí, y estaba ardiendo. Como puede observar no hay nada más quemado, ni siquiera la cama, la verdad es que no creo mucho en esas cosas, pero parece que se ha producido lo que se denomina combustión espontánea. La enfermera no pudo hacer nada por evitarlo, todo sucedió en cuestión de segundos, cuando regresó con un extintor la vieja ya estaba carbonizándose.

– Un espectáculo horrible.

– Sin duda, la pobre enfermera ha tenido que irse a casa, estaba hecha un manojo de nervios.

– ¿Y se sabe algo de la otra mujer, quiero decir, Gloria?

– Literalmente se ha esfumado, nadie la ha visto salir del hospital, además, tenga en cuenta que estamos en la planta decimotercera, es imposible que haya escapado por la ventana, muy extraño, ¿no?

– También sorprende que hubiese una anciana en su lugar.

– La verdad es que sí, porque no falta ninguna paciente con su descripción y tampoco la han visto entrar en el hospital.

– De manera que tenemos una mujer que ha desaparecido y otra que ha aparecido misteriosamente. Esto es un nuevo caso.

– Por ahora hay una orden de captura de Gloria, y mucho me temo que los cargos contra ella pueden aumentar con un homicidio en primer grado.

– Pero usted mismo ha dicho que lo de la anciana se trató de una combustión espontánea.

– Que lo crea yo no quiere decir que lo crea el fiscal.

– Me gustaría continuar con la investigación.

– Créame que se lo agradezco, sin embargo es mejor que se tome unos días para descansar, supongo que todo esto ha sido bastante duro para usted, además…

– ¿Sí?

– He descubierto que Gloria y usted se conocían, entenderá que prefiera encargarle el caso a otro inspector, no es que yo dude de su objetividad, pero ya sabe cómo funcionan estas cosas.

– Por supuesto, como usted quiera, señor.

Realmente me era indiferente que no me asignara aquel nuevo caso, después de lo que me había explicado no creía que la mujer que parecía ser Gloria hubiese escapado, de hecho pensaba que había fallecido. Sé que resulta completamente increíble, sin embargo todo coincidía, el sueño que tuve en la masía, el extraño comportamiento de mi supuesta amiga y, sobre todo, el episodio de la habitación. La única conclusión es que aquella mujer era Berenice, la temida bruja de la Edad Media. Las consecuencias de ese razonamiento eran igualmente fantásticas. Existía la magia, el intercambio de mentes, el viaje en el tiempo y muchas otras cosas que ni siquiera nos atrevemos a imaginar. Todo aquello removía los fundamentos de mis creencias. El mundo no era como me habían enseñado en la universidad o en la academia de policía. Quizás fue aquella revelación la que me dio la esperanza de que todo es posible, y comencé a intuir que algo maravilloso iba a suceder en cualquier momento.

Ahora ha transcurrido una semana. Me hallo en una gasolinera de un estado extranjero que no voy a mencionar. Sentada en el coche me espera Gloria. La auténtica, mi amiga, mi amada, la que desapareció en un bosque y fue engañada por una hechicera. He dejado la policía y me he convertido en cómplice de una fugitiva de la justicia. Nada de todo eso me importa ya. De alguna forma la Madre Tierra nos ha dado otra oportunidad.

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