CLXXXII. Criaturas fronterizas

Días después me hallaba esperando con impaciencia en el porche de casa. Mi amigo había aceptado encantado. Asimismo me comentó que vendría con alguien que podía ser de ayuda. No le había explicado mucho sobre el asunto, solamente que se trataba de algo que parecía inexplicable, o paranormal según algunos. Hacía tiempo que no tenía visitas. La única persona a la que veía con relativa frecuencia –dos o tres veces al mes– era un chico del pueblo que traía alimentos y otros productos que necesitara, y nuestras conversaciones no pasaban de las pocas frases. Me había convertido en una especie de náufrago voluntario, oculto en la inmensidad del bosque, alejado de la bulliciosa civilización. Sin embargo aún conservaba cierto sentido de la hospitalidad, quizá porque cuando vivía en la ciudad organizaba, más bien me organizaban, reuniones y fiestas en casa, de la misma manera que yo asistía a las de amigos y conocidos. Nunca imaginé que la vida literaria llegase a ser tan aburrida. El caso es que, sentado en una hamaca, volvía a sentir aquel nerviosismo de antes de hablar con la gente. Si bien conocía a mi amigo desde los años de la universidad, habíamos perdido el contacto hacía mucho y en realidad ya no era menos desconocido que la otra persona que venía con él. A media tarde pude escuchar con toda claridad el rugido de un motor. Al poco apareció un todoterreno. Habían llegado mis visitantes.

– Hola, ¿habéis tenido buen viaje? – Pregunté, intentando ser lo más educado posible.

– Dejando de lado que vives en un lugar remoto y salvaje, lo cierto es que no hemos tenido problemas de consideración. – Contestó mi amigo.

– Siempre tan sarcástico.

– Yo también me alegro de verte.

– ¿No me vas a presentar a tu compañero?

– Disculpa mi error de protocolo. Tengo el placer de presentarte al doctor Jiménez, una eminencia en ocultismo y todo lo relacionado con los fenómenos paranormales, ha publicado un sinfín de estudios en revistas especializadas, así como varios libros, por no hablar de sus colaboraciones en programas de radio y televisión.

– No es para tanto, simplemente soy un estudioso más de esos fenómenos.- Dijo el doctor, algo ruborizado.

– De todas maneras le agradezco que se haya interesado por mi caso.

– Espero poder ayudarle.

– Supongo que estamos invitados a cenar. – Interrumpió mi amigo.

Pasamos la velada conversando sobre ocultismo y otros temas más terrenales. Lo cierto es que estaba disfrutando con la presencia de aquellas personas, hacía mucho tiempo que no tenía la oportunidad de exponer y discutir opiniones, casi había olvidado lo que era una tertulia. Sin darme cuenta anocheció. Después de los postres cogí una botella de mi viejo malta escocés y tres vasos – la ocasión bien merecía que volviera a beber -. Salimos al porche. Bajo un cielo maravillosamente estrellado y entre las volutas de humo de nuestros cigarrillos continuamos hablando. En un determinado momento salió el tema que me preocupaba.

Continuará

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