CLXXXIX. Criaturas fronterizas

Cuando me levanté pude descubrir que estaba en el dormitorio de mi casa. No tenía heridas importantes, tan sólo magulladuras y restos de limo por todo el cuerpo. Si no fuera por esos detalles, hubiese pensado que todo se había tratado de una pesadilla creada por mi delirante imaginación. Asimismo aún ardían las velas que había dejado la bruja. Lo cierto es que había conseguido escapar de una situación realmente difícil, y es que viajar entre dimensiones no es algo habitual en el mundo en que vivimos. Una angustiosa pregunta me asaltó en aquel momento. ¿Dónde se hallaban mis compañeros? Suponía que todavía permanecían en aquella horrible ciénaga. Afuera despuntaban los primeros rayos del alba. Bajé las persianas de la habitación, y con la única luz de las velas, comencé a observar los espejos del armario. Al poco se confirmaron mis intuiciones. Unas figuras claramente humanas aparecieron en la superficie.

– ¿Sois quienes pienso? – Pregunté.

– Por supuesto. – Contestó el doctor.

– ¿Se encuentran bien?

– Perfectamente, ¿por qué lo pregunta?

– Por que, como ya sabe, la ciénaga puede resultar peligrosa.

– Ya no estamos allí, conseguimos encontrar la puerta, es usted el que continúa perdido.Pero yo estoy en casa.

– Es producto de la ilusión, los que nos hallamos en su casa somos nosotros.

– Todavía soy capaz de reconocer mi dormitorio. Todo parece normal.

– Parece, pero no es.

– Es cierto, te has equivocado de lado. – Afirmó mi amigo.

– No entiendo nada.

– Lo más probable es que haya ido a parar a una dimensión paralela, eso explicaría que le parezca que se encuentre en nuestro mundo, sin embargo es diferente. – Explicó el doctor.

– ¿Diferente? ¿En qué sentido? – Pregunté.

– Realmente no lo sé, quizá está en un mundo habitado por otro tipo de seres, quizá tiene usted un doble, o quizá ni siquiera exista, hay múltiples posibilidades.

– Me estoy comenzando a preocupar.

– Procure mantener la calma, ya pensaremos en algo, mientras tanto quédese ahí.

– Podría intentar atravesar el espejo.

– En el caso que pudiese hacerlo, no sabemos si le llevaría hasta nuestro mundo o a cualquier otro, piense que hay tantas dimensiones como posibilidades, es más prudente reflexionar sobre el tema antes de dar un paso.

– Yo, por mi lado, estoy buscando algún ritual para sacarte de esa dimensión. – Dijo la bruja.

– No pierdas la esperanza. – Añadió mi amigo.

– Os agradezco todo lo que estáis haciendo por mí. – Dije.

Continuará

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