CLXXXV. Criaturas fronterizas

A pesar de lo tarde de la hora, el doctor Jiménez llamó enseguida a su amiga, según nos explicó después, ella acostumbraba a trasnochar debido a su profesión, la cuestión es que la bruja demostró bastante interés por teléfono y prometió venir al día siguiente. Como se puede suponer, nadie durmió en el dormitorio aquella noche, la única señal de nuestra presencia era la videocámara, que continuaba grabando entre la penumbra. Apenas amaneció el doctor sacó la grabación y la comenzó a repasar con minuciosidad en mi reproductor. Realmente se estaba tomando todo aquello en serio. Debía ser la primera vez que se encontraba cara a cara con el misterio. En el desayuno nos explicó su plan.

– He estado dándole muchas vueltas a este asunto y mi primera conclusión es que, no sé por qué motivo, se ha hecho visible una puerta dimensional en esta casa, señalo lo de visible ya que todavía no sabemos si se puede abrir.

– Yo creo que se puede, anoche sentí algo muy intenso al acercarme al espejo. – Afirmé.Es una posibilidad, de todas formas, tenga en cuenta que podría haber sido víctima de la autosugestión, en situaciones de extrema tensión las personas tienen tendencia a percibir lo que ellos desean percibir.

– ¿Y tu bruja maravillosa no es capaz de abrir la puerta? – Preguntó mi amigo.

– Sinceramente, tampoco lo sé, he visto hacer cosas increíbles a mi amiga, pero esto la desconcierta incluso a ella. En el caso de que pueda abrirla, considero que el objetivo principal es realizar otro ritual para dejarla definitivamente cerrada.

– ¿No puede ser peligroso dejar la puerta abierta, aunque sólo sea por unos segundos, con esa criatura acechando? – Preguntó de nuevo mi amigo.

– Con el ritual adecuado no tendría que serlo.

– Pero no está totalmente seguro. – Dije.

– Por supuesto, en realidad no sabemos a lo que nos estamos enfrentando, yo solamente he leído libros sobre el tema y mi amiga conoce unos rituales que nunca ha hecho servir en estas circunstancias.

– Pura teoría. – Sentenció mi amigo.

– Lamento decir que tienes razón, sin embargo, a lo largo de la historia todos los descubrimientos importantes han partido de una teoría que después se ha llevado a la práctica. – Explicó el doctor.

– Y también ha habido solemnes fracasos, recordad por ejemplo al gran Da Vinci y su máquina voladora. – Rebatió mi amigo.

– En cualquier caso merece la pena intentarlo. – Afirmé.

Nuestra conversación prosiguió durante un paseo por el bosque. Todos estábamos un tanto preocupados, y a la vez ansiosos, ante la idea de atravesar aquella misteriosa puerta. De todas maneras, ya no me sentía solo e indefenso, no solamente me refiero a la ayuda que en materia ocultista pudieran proporcionarme, sino también al apoyo sicológico, saber que había otras personas que conocían mi problema y que estaban dispuestas a resolverlo conmigo. Más tarde, mientras comíamos, llamó la amiga del doctor Jiménez, se hallaba en la gasolinera de un pueblo cercano. Calculé que, teniendo en cuenta las condiciones de la carretera de montaña y su escaso conocimiento sobre la zona, llegaría aproximadamente en una hora. Y no me equivoqué. Cuando vimos aparecer un automóvil supimos que era ella.

Continuará

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