CV. De musica sphaerarum

– Buenos días. – Dijo Ángel.
– Buenos días. – Contestó con desgana el doctor Garrido.
– ¿Ha leído ya el libro?
– Sí.
– ¿Y?
– Después de estudiarlo profundamente creo, o he comenzado a creer, en temas que siempre he despreciado, existen hechos y sucesos que se escapan a la mente humana, que no podemos explicar desde la ciencia actual, ignoramos lo que nos espera en el negro vacío del cosmos, este manuscrito nos revela esos secretos, la música es la llave para entrar en un sinfín de mundos paralelos al nuestro, en algunos casos pueden ser terribles, los seres que moran esas regiones cósmicas no son como nosotros, nuestras concepciones sobre las cosas no tienen sentido allí. Sé que parece una locura. Determinadas cadenas de notas son susceptibles de abrir puertas, no importa tanto la forma como el orden, es decir, en la composición se pueden añadir otras notas, intercalándolas, siempre que se respete la sucesión original. De esta manera un músico de cualquier tiempo y lugar es capaz de crear la melodía para esas puertas a lo desconocido. Dante le ha escogido para que realice esa tarea y mucho me temo que él ya lo intentó. Se describen varias cadenas, todas ellas cifradas, aunque la que nos interesa es una que está marcada por una cruz escrita con bolígrafo.
– ¿Adónde lleva?
– Sinceramente no quiero ni pensarlo, quizá Dante lo sepa.
– ¿Me está diciendo que voy a abrir una puerta a unas criaturas que pueden ser peligrosas?
– Lamento decirle que es bastante probable.
– De todas maneras debo hacerlo.
– Que Dios nos proteja.
Ángel copió en un cuaderno las notas que luego le servirían para componer la canción pues, como habían acordado, el doctor Garrido se quedó con el tenebroso volumen. Aquella misma tarde le tocaba ensayar con su grupo, pero no fue, tenía algo más importante que hacer. Al principio no sabía por dónde empezar, tan sólo tenía unas notas, la libertad para combinarlas era precisamente uno de los problemas. Siempre había creado sus melodías con ideas propias y ahora debía basarse en unas ajenas. Intentó varias introducciones. Todas acabaron en la papelera, retorcidas y arrugadas. Sabía que no servía cualquier cosa. Estuvo trabajando hasta la medianoche. Al final, terriblemente fatigado, decidió dejarlo para el día siguiente. Probablemente se le ocurrirían ideas a lo largo de la noche, algunas veces soñaba con melodías, y es que la relajación es el mejor estado para un artista.

Continuará

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