CXIV. La llamada del bosque

– ¿Adónde os dirigís? Estos bosques pueden resultar peligrosos para una moza como vos.- Dijo el hombre.
Ella pudo entenderlo, pero le llamó la atención su habla, una variante muy antigua de la lengua catalana.
– Creo que me he perdido, estoy buscando a mis compañeros. ¿No los habéis visto?
– ¿Vuestros compañeros?
– Sí, unos jóvenes que iban conmigo.
– No hemos topado con ninguna alma en este maldito camino.
Aquellos hombres no parecían actuar. Quizá se habían escapado de un manicomio, en todo caso, Gloria les siguió la corriente.
– Por cierto. ¿Qué es lo que lleváis en la carreta?
– A fe mía que sois curiosa. No importa, es asunto de dominio público. Vamos escoltando a alguien hasta Sant Martí de Pertegas , mañana mismo se celebrará un juicio, vendrán gentes importantes de la Corona.
– ¿Alguien? ¿Quién?
El soldado en vez de contestar fue hasta la carreta y retiró cautelosamente la tela negra que cubría una jaula. Allí dentro había una anciana.
– Os presento a Berenice, la bruja más temida de estos bosques, su mera mirada puede hechizar. Sabe Dios de qué horribles sortilegios es capaz. Esperemos que arda pronto en las llamas de la Justicia.
– Pero si sólo es una pobre vieja, quitadle las cadenas al menos.
– No os dejéis engañar por su apariencia, ya os he prevenido contra sus maléficas potencias, su enjuto y vulnerable cuerpo oculta una fuerza que sobrepasa lo terreno, una fuerza que proviene de los mismísimos infiernos.
Realmente estaban como una regadera, pensó Gloria, y además podían ser peligrosos. ¿Qué les había hecho aquella inocente anciana? ¿Por qué deseaban que muriese de forma tan espantosa? Debía separarse de ellos y avisar a la policía.
– Bueno, no os quiero entretener más, yo sigo el camino por mi cuenta.
– Deteneos.
– ¿Qué sucede?
– Unos caballeros como nosotros no podemos dejar que una moza ande sola y desprotegida por estos lugares.
Los soldados también se habían fijado en los diferentes atuendo y habla de la joven.
– No os molestéis.
– No es molestia. Mateu, coge la pesada alforja de la moza, no queremos que se fatigue.
– Ya os he dicho que puedo hacerlo yo sola.
Gloria forcejeó con el otro soldado y la mochila cayó al suelo, vaciando su contenido. Linterna, brújula, reproductor de música… las típicas cosas que lleva cualquier excursionista.
– ¿Qué son esos raros artilugios?- Preguntó con severidad el soldado que mandaba.
– Cosas que llevo conmigo, son inofensivas.
– Permitidme que las examine.
El hombre cogió el reproductor de música y comenzó a manipularlo torpemente, con ojos de niño que está descubriendo.
– Así no se hace, yo le ayudaré. ¿Se puede quitar el casco?
La chica colocó los auriculares en los oídos del soldado y apretó un botón, empezando así a rodar la casete.
– ¡Por Sant Pere! ¿Qué sones diabólicos son estos?

Continuará

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