CXL. Una partida pendiente

A medida que vamos conversando me resulta más familiar, sobretodo su voz, por otro lado, no me parece que sea capaz de inventar tal cantidad de datos, todo lo que me explica es perfectamente verosímil y yo no tengo por qué dudar de él.

– Si no le importa, podemos jugar en una sala apartada, allí no nos molestará nadie.- sugiere el viejo.

– Por supuesto.

Tampoco recuerdo que me tocase jugar contra este caballero y si bien he aceptado, me sorprende un tanto que me proponga hacerlo separados de los demás, supongo que forma parte de las excentricidades que desarrollan algunos ajedrecistas con la edad, o con el nivel, la cuestión es que siento enormes deseos de comenzar la partida, como si hubiesen transcurrido siglos desde la última, así que me siento en una cómoda y lujosa butaca ante un precioso tablero de mármol, cuando observo el rostro de mi rival me doy cuenta que manifiesta más ansiedad que yo, quizá perdió la otra vez conmigo, o todavía peor, hicimos tablas, en fin, solamente sé que puedo percibir la tensión en el ambiente, esta partida es muy importante para él, supongo que esa es la causa de tanto secretismo, estamos solos en una sala, con las cortinas totalmente cerradas y la única luz de un candelabro, pienso que hay algo misterioso en todo esto, sin embargo ya les he comentado que mi principal propósito es jugar, simplemente jugar, de forma que al realizar mi apertura las preocupaciones se limitan a cómo hacer avanzar mis piezas y dejo de lado, aunque sea por unas horas, las preguntas que me han surgido desde que se presentó el señor Derleth.

Tras finalizar la primera sesión de la partida, mi rival, visiblemente cansado, se quita las gafas y empieza a buscar algo en los bolsillos de su americana.

– ¿Le molesta si enciendo una pipa?- me pregunta.

– En absoluto. Yo antes también fumaba.

– ¿Eso sí lo recuerda, no?

– Los vicios nunca se olvidan, de todas maneras, no me acuerdo de por qué dejé de fumar.

– Ah, la memoria, va desapareciendo impasiblemente como una manzana roída por el gusano de la edad.

– Curiosa comparación.

El señor Derleth rasca una cerilla y la aplica sobre las hebras de tabaco depositadas en su pipa, al poco surge una voluta de humo cuyo aroma me resulta conocido, he jugado con bastantes caballeros que fumaban en pipa pero algo me dice que este olor solamente lo he percibido en otra ocasión.

– Antes me ha comentado que nuestra anterior partida fue interesante, ¿podría saber cómo finalizó?- pregunto.

– Digamos que en tablas.

– Disculpe de nuevo mi curiosidad pero, ¿se trataron realmente de tablas o sucedió algo a última hora?

Continuará

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