CXLII. Una partida pendiente

De nuevo un odioso corte, no recuerdo nada más de esa conversación, aunque no importa mucho, porque el siguiente fragmento es definitivamente revelador, en este entro en la sala donde jugamos y no está el señor Derleth –cuando siempre ha estado–, pienso que quizá se haya retrasado por algún motivo de última hora y decido esperarlo, después de un tiempo considerable salgo afuera para preguntar si alguien sabe algo de él y, como ya sucedió el primer día de campeonato, la gente me ignora, de todas formas llego a escuchar una charla entre un grupo de jugadores, parecen emocionados, no puedo creerlo, acaban de decir que mi rival ha fallecido, más tarde un titular de un diario confirma la triste noticia, al principio pienso que Derleth se mostraba tan ansioso por finalizar la partida porque intuía que su muerte estaba cerca, el caso es que, bastante afectado, decido marcharme al hotel, ya no tengo nada que hacer allí, la partida ha quedado trágicamente truncada, ni siquiera tengo ánimos para quedarme hasta el funeral, regresaré a mi país lo antes posible, mientras camino por el campus universitario alguien me llama.

– ¡Señor Alhazred! ¡Señor Alhazred!- grita una voz conocida.

Al girarme la sangre en mis venas parece helarse. Se trata del señor Derleth, el mismo que ha fallecido no hace muchas horas. El terror provocado por lo sobrenatural comienza a invadirme y comienzo a correr.

– Por favor, no se vaya, tenemos que hablar…

Pero no deseo saber nada de esta increíble aparición. Continuo corriendo. Hasta que paso una calle sin mirar y un autobús me atraviesa, sí, me atraviesa como si yo estuviese hecho de aire en lugar de carne. Mi antiguo rival se halla en la acera de enfrente.

– ¿No se imaginaba que usted estuviera muerto, no?- me pregunta.

– Parecía todo tan real.

– ¿Qué significa realidad? ¿No estamos hablando ahora?

– Tal vez, pero no debería ser posible.

– ¿Porque estamos muertos?

– ¿Se le ocurre una causa más rotunda?

– Antes también pensaba como usted, que solamente había una realidad, sin embargo, cuando empecé a estudiar esoterismo descubrí que existen diversos planos de realidad, como hemos podido comprobar, después de la muerte hay otra dimensión, habitada por seres espirituales, conciencias en su estado puro, los mortales nos han llamado siempre fantasmas.

– Yo ya era un fantasma cuando usted aún vivía.

– ¿Cómo hemos podido jugar una partida?

– Me comunicaba con usted.

– ¿Cómo?

– Ya le he comentado que me interesan las ciencias ocultas, pues bien, hace unas semanas conseguí realizar mi primera sesión de espiritismo, con la ayuda de un simple vaso lo invoqué de la dimensión de los muertos.

Continuará

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: