CXLIII. Una partida pendiente

– ¿Pero por qué lo hizo? ¿Por qué yo?

– Es muy sencillo, teníamos una partida pendiente, aquella partida que le comenté y que usted no recordaba, fue hace muchos años, ambos éramos jóvenes y teníamos un gran talento para el ajedrez, la partida se desarrolló de forma similar a la que hemos jugado recientemente, posiciones igualadas, final totalmente abierto y con múltiples posibilidades, desgraciadamente no pudimos concluirla.

– Déjeme adivinar, fallecí antes de acabar la partida, ¿no es así?

– Así es.

– Y mis vacíos de memoria están relacionados con esas sesiones espiritistas.

– Veo que lo va entendiendo.

– Pues nuestra partida ha vuelto a quedar truncada, y esta vez es usted el responsable.

– Parece que estamos predestinados.

– Creo que por aquí también juegan a ajedrez, solamente es cuestión de buscar un torneo.

– ¿Bromea?

– No, lo digo completamente en serio, en esta dimensión podemos acabar sin problemas la partida que siempre hemos estado jugando, tenga la certeza de que ninguno de los dos fallecerá.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: