CXLIX. Madre Tierra

Después de bajar por una escalinata de piedra llegamos al sótano, iluminado solamente por varias velas, se parecía a uno de aquellos antiguos laboratorios o bibliotecas que aparecen en las historias de la Edad Media, cientos de recipientes, instrumentos y libros se acumulaban en estanterías de madera, de todos aquellos objetos que saturaban mis ojos hubo uno que llamó poderosamente mi atención, se trataba de un grabado que representaba una misteriosa mujer, completamente desnuda, si bien se tapaba con las manos su sexo –quizá por pudor-, sus largos y trenzados cabellos alcanzaban las nalgas y, lo más extraño, de su cabeza salían dos hojas y tres frutos de gran tamaño, como si fuese una planta, un texto acompañaba la ilustración, no conozco la lengua en que estaba escrito pero pude distinguir algunas palabras, como madragora o alrun.

– ¿Te parece interesante?

– Mucho, ¿qué es?

– Está sacado concretamente del primer tomo de la Physica, de Hildegarda von Bingen, una religiosa del siglo XII, apasionada por la botánica entre otras cosas, y simboliza la mandrágora…

– La mandrágora, me suena, ¿no es una de esas plantas que llaman mágica?

– Este tipo de vegetales se representaba con forma humana, además, en el caso de esta en particular, con un poco de imaginación puedes ver la imagen de una persona desnuda en la raíz, sus cuatro protuberancias serían los brazos y las piernas.

– ¿Y qué propiedades tiene?

– La verdad es que pertenece a la familia de las solanáceas, contiene agentes sicoactivos que producen trastornos en el cerebro, en dosis muy pequeñas se suministra como antiespasmódico, en cambio, las dosis de más de 10 miligramos producen síntomas de intoxicación muy graves e incluso pueden ser mortales.

– Una planta muy peligrosa sin duda.

– No para las brujas.

– ¿Las brujas?

– Antes no existían drogas como el LSD o la heroína, así que aquellas mujeres usaban hierbas alucinógenas como esta para elaborar sus pócimas y ungüentos. El caso es que alcanzaban estados alterados de conciencia, en los cuales creían poder volar hasta los aquelarres o transformarse en animales.

– Desgraciadamente la Inquisición no pensaba lo mismo, aquí en el Montseny fueron quemadas en la hoguera varias mujeres, acusadas de hechicería. Ya te he comentado que la ignorancia es el mayor peligro en cualquier sociedad, ha generado demasiados fanatismos y guerras a lo largo de la historia, ¿Cómo se podía tolerar en la Edad Media una medicina alternativa y que además era practicada por mujeres? La Iglesia veía al Diablo por todas partes y el pueblo, campesinos analfabetos en su mayoría, sentía envidia y miedo a la vez, de manera que se lanzaron a una cacería injusta y brutal.

Continuará

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