CXVI. La llamada del bosque

¿Estaba también loca aquella vieja? Su determinación e inteligencia desconcertaban a la joven.
– No os decidís a creerme, es cosa lógica, en la época de la cual provenís no se da crédito a hechiceras ni potencias sobrenaturales.
– ¿Queréis decir que estamos en una época diferente a la mía?
– Concretamente en el año de Gracia del Señor de 1266.
Gloria comenzó a plantearse la posibilidad de que algo inexplicable había sucedido desde que se separara de sus compañeros de excursión. A medida que avanzaban hacia Sant Martí de Pertegas la idea de que se hallaba inmersa en la Edad Media tomaba más peso.
– ¿Entonces es verdad que nos van a quemar?
– Ay, pobre niña mía, corren malos tiempos para mujeres como nosotras.
– ¿Nosotras?
– Todavía no la habéis descubierto, mas ocultáis la magia en vuestro interior, ya os lo contaré todo cuando llegue el momento oportuno. No debéis temer mal alguno, confiad en mí.
– Sois muy misteriosa.
– Soy así. Jamás he deseado ni causado las barbaries que se me imputan, eso son calumnias de obispos aviesos y retorcidos, mi hechicería procede de la Madre Tierra y, como ella, únicamente procura el bien de todos sus moradores. ¿Cuándo se ha contemplado que la madre vaya contra el hijo?
– ¿De qué os acusan exactamente?
– En verdad que os ha picado el gusano del conocimiento, mas es cosa que me satisface. Debéis saber que la Santa Inquisición ambicionaba ponerme sus manos encima desde mucho, sus mentes limpias y puras no toleran mis prácticas, principalmente porque las desconocen, es materia nueva para ellos, y eso los desasosiega sobremanera, su Dios Todopoderoso les ha concedido los saberes del mundo, mas la magia se les escapa, son fuerzas que no pueden alcanzar, el origen de las cuales se remonta a la noche de los tiempos, cuando el hombre aún moraba las cavernas, si supierais los secretos fantásticos que callan estos bosques…
– ¡Basta ya de patrañas, arpía!- Interrumpió bruscamente el soldado que mandaba- Vos, moza, deberíais saber que vuestra compañera está acusada de haber asesinado decenas de criaturas inocentes, sacrificadas en rituales horribles y demoníacos.
Las dudas aturdían a la joven. No recordaba bien el rostro de la supuesta hechicera, pero podía asegurar que no correspondía al tópico que aparece en los cuentos infantiles, no poseía nariz aguileña ni unos ojos que espantasen, al contrario, se trataba de una anciana que debió ser muy bella en su juventud, su mirada era dulce y sus cabellos como la ceniza, la abuela que todos desearían.

Continuará

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: