CXXI. La llamada del bosque

A pesar de que el sol brillaba con fuerza, empezó a formarse niebla, la anciana continuaba en comunicación mental con la Madre Tierra. Al poco la joven desapareció entre la niebla.
En el siglo XXI los compañeros de Gloria la estaban buscando por el bosque, hacía tan sólo unos minutos que se habían dado cuenta de su ausencia. Uno de ellos pudo distinguir a lo lejos una mancha entre las encinas. Llevaba un abrigo del mismo color que su amiga. Su voz era como la de ella. Era Gloria. En realidad no era Gloria. Su cuerpo correspondía sin duda al de ella, sin embargo la mente era de otra persona, alguien que había mentido. Berenice sonreía triunfalmente, volvía a ser joven y bella, tenía un mundo nuevo por descubrir y, lo más importante, conservaba su terrible magia. Le había contado algunas mentiras a Gloria. La joven no era ni mucho menos una bruja, no tenía poder alguno, había ayudado a la vieja, pero de otra manera que nunca imaginó, resulta que las hechiceras como Berenice obtenían su condición a los veinticinco años, del mismo modo que la perdían cincuenta años después, y la anciana estaba a punto de cumplir la edad final, sin embargo descubrió que en una época distinta sus poderes continuarían, así que se encerró hasta dar con el sortilegio que permitía viajar por el tiempo, como no estaba segura si funcionaría, debía probarlo antes con otra persona y aquí apareció la ingenua Gloria, ella demostró que funcionaba, Berenice se dio cuenta de que era una joven hermosa, como lo había sido ella hacía tantos y tantos años, decidió que se intercambiarían los cuerpos, la vieja viajaría al futuro con el aspecto de la joven, por otro lado pensó que así no despertaría sospechas. ¿Y qué sucedería con Gloria? No le importaba en absoluto, la consideraba un simple medio de su fin tan deseado, probablemente fallecería encerrada en ese cuerpo arrugado y decrépito que no era el suyo o, quizá, aún más horrible, entre las llamas de la justicia de la Santa Inquisición.

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