CXXII. Melquíades y Los-que-no-leen

Hacía mucho, mucho tiempo que ningún alma atravesaba el desierto de las mil dunas, pocos lo habían intentado y no se tenía noticia de que alguien lo hubiera conseguido, al menos nadie había regresado para contarlo. Sin duda era una empresa temeraria, aquella inmensidad estaba repleta de peligros: bandidos nómadas invisibles, que asaltaban en el momento menos pensado, rápidamente, silenciosamente, astutamente, su apariencia era la de la propia arena; tigres sin rayas que tenían cinco ojos y tres hileras de colmillos, su voracidad era terrible, no descansaban hasta caer sobre la víctima; o pozos en los cuales caer suponía morir lentamente bajo los efectos de un ácido corrosivo. El caso es que el Viajero se atrevió a realizar la travesía, que se prolongó más días y noches de los que podía recordar, basta decir que partió al principio de un verano cualquiera con un gran número de camellos, iba solo, puesto que nadie quiso acompañarle, hay quien dijo que estaba loco. Una vez en el desierto perdió poco a poco cada uno de sus preciados animales, fue robado, y herido en un brazo por una cimitarra, estuvo a punto de fallecer a causa de los rigores del calor, a pesar de todo, llegó hasta el otro lado del desierto.

El paisaje cambió radicalmente. El Viajero se tropezó con grandes montañas boscosas. En cuanto vio un lago, se arrojó a este, desnudo, deseaba sentir el contacto del agua fresca y cristalina sobre su piel castigada, fue maravilloso, después se tumbó sobre un prado de flores amarillas cuyo aroma a naturaleza inundó sus pulmones. Permaneció así varias horas, aquello era sin duda lo más parecido al paraíso, se quedó dormido como un niño. Al despertar divisó una columna de humo, estaba convencido de que debía ser obra del ser humano, tenía que haber gente allí, no podía ser que toda aquella belleza estuviera deshabitada. Así que se levantó, se vistió y se dirigió al lugar de donde procedía el humo. Al cabo de un rato descubrió una pequeña cabaña y un huerto en el cual había un campesino arando.

Continuará

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