CXXXIX. Una partida pendiente

Recuerdo todo como una película con interminables cortes, en los cuales pudo haber transcurrido una hora, un día o incluso un año, al principio lo atribuí a la característica ansiedad que padecía en los torneos, verdaderamente me atemorizaba, sentía como si hubiera perdido fragmentos de mi vida y nunca más pudiese recuperarlos, pero disculpen que aún no me haya presentado, me llamo Abdul Alhazred, ajedrecista desde que tengo uso de la razón, según los demás un genio, aunque lo cierto es que yo considero que siempre he estado aprendiendo, si algo he obtenido de la experiencia es que cada partida es diferente y, créanme, se puede afirmar que yo he jugado unas cuantas, en fin, que no sé ni he sabido hacer otra cosa que practicar el ajedrez, algunos pueden pensar que se trata de una obsesión o un vicio, tal vez, de todas formas es un vicio en el cual he hallado el sentido de la existencia, por este motivo creía que solamente tengo recuerdos de la partida de mi último campeonato y no del resto de actividades que seguramente realicé, como pasear por jardines o comer en restaurantes elegantes, cosas que siempre me han gustado hacer cuando tenía que desplazarme a alguna ciudad extranjera para jugar.

En el primer fragmento que mi memoria ha dejado abierto estoy entrando en la universidad de Miskatonic, en la ciudad estadounidense de Arkham. Ese mismo día comienza un torneo internacional de ajedrez y han venido los jugadores más destacados del planeta. La sala de actos está abarrotada de gente, entre participantes, periodistas, aficionados y curiosos, sin embargo nadie parece darse cuenta de mi presencia, como si me ignorasen, no es que me considere una persona vanidosa, lo que me sorprende es que teniendo en cuenta que soy conocido en ese mundillo no me reconozcan, o que ni siquiera me hagan una pregunta, como normalmente me han hecho los reporteros y yo normalmente he contestado con el mismo semblante de aburrimiento. Hasta que en un determinado momento alguien se fija en mí.

– Perdone, ¿es usted el señor Alhazred?- me pregunta un individuo de anciana edad.

– Así es, caballero, ¿con quién tengo el gusto de hablar?

– No sé si recordará mi nombre, August Derleth, coincidimos en un campeonato hace bastantes años.

Lo cierto es que no lo recuerdo, uno de esos vacíos que ya les he comentado anteriormente.

– Lamento confesarle que lo he olvidado, de todas maneras, debió de ser una partida interesante.

– Oh sí, realmente lo fue.

Continuará

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