CXXXVI. Al otro lado

Cuando se despertó el sol todavía brillaba. Debía de llevar varias horas, ya que su ropa estaba bastante seca. Volvió a llamar a su amiga y tampoco contestó. Si él había conseguido llegar hasta el otro lado, sin duda ella también, no tenía que andar muy lejos. Lo que no acababa de entender era por qué no lo había esperado. Gloria le había contado toda aquella historia y después le había invitado a cruzar. Estaba claro que no se trataba de una broma, la puerta dimensional existía, como las dones d’aigua, Germán las había podido ver con sus propios ojos. De todas formas el bosque le parecía el mismo de antes, no había árboles de color naranja o animales prodigiosos como el unicornio. La única diferencia que había percibido, muy importante por otra parte, era que al entrar en el agua era de noche y al salir era de día. Tenía que buscar a su amiga y de paso aprovecharía para explorar.
A medida que se adentraba en aquella espesura, se daba cuenta de que era igual que la del Montseny, pero sabía perfectamente que estaba en otro lugar, un lugar fuera del tiempo y el espacio del mundo que conocía. Comenzaba a anochecer y no se había topado con nadie. Se preguntaba dónde diablos estaría Gloria. Y las ninfas, porque si aquella era su tierra, estarían allí. Aún recordaba sus esbeltas y tentadoras formas, como esculpidas por las manos de un artista tocado por el genio, aquellos torsos cubiertos por cabelleras que parecían de oro, aquellas nalgas sin un milímetro de celulitis o aquellos senos totalmente naturales, ni pequeños ni grandes, realmente superaban cualquiera de sus fantasías eróticas, se había convertido en un voyeur privilegiado, porque no debía de haber muchos otros que hubiesen podido observar lo que él había observado, pensaba que las leyendas sobre esas mujeres no se equivocaban en absoluto, pertenecían a una dimensión en la cual la geometría se reflejaba en cada una de sus criaturas. ¿Y ellas habían sido acusadas de brujería? ¿Habían sido perseguidas por infanticidios y otros crímenes? ¿Habían sido representadas como ancianas horriblemente feas? Sin duda todo era causa de la envidia, uno de los sentimientos más básicos, y odiosos, del ser humano.

Continuará

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