CXXXVIII. Al otro lado

Bajo las luces de cientos de velas estaban las dones d’aigua, arrodilladas en el suelo, como rezando. Al fondo había una colosal estatua de piedra que representaba una mujer embarazada, sin duda debía ser la Madre Tierra, aquella diosa de la cual le habían hablado. Lo que más llamó su atención fue el altar. Sobre él había dos personas. Una se hallaba tumbada y la otra estaba sentada encima de espaldas. Se aproximó para observarlas mejor. No podía ser. La que permanecía tumbada llevaba tejanos y unas zapatillas deportivas que juraría que eran de su amigo Dani. La otra era una de aquellas ninfas, completamente desnuda. Pudo escuchar cómo ella jadeaba. ¿Estaban haciendo lo que imaginaba? De nuevo volvió a sentirse voyeur. Nadie parecía haber percibido su presencia. Las mujeres continuaban inclinadas con sus cabellos ocultándoles los rostros. Era una situación inquietante y, a la vez, morbosa. Estuvo un tiempo observando, callado, sin saber qué hacer. Al final se acercó más y zarandeó una de las piernas de su amigo, llamándolo por su nombre. No se produjo reacción alguna. Pensó en lo peor y no pudo evitar un grito. De improviso ella se giró. Germán se quedó paralizado por el horror. Una criatura con ojos completamente negros, sin pupilas, y colmillos de lobo se estaba comiendo el corazón todavía caliente de Dani. Sin embargo lo realmente horrible sucedió cuando aquella monstruosidad abrió la boca. Se trataba de una voz humana. La voz de Gloria.

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