Eros contra Tánatos

De nuevo los charcos,

aprovechar alguna repisa,

el hombre solo

que lucha, que pretende ahuyentar sombras,

batalla invisible,

cada gota de estos cielos

es un lamento pronunciado con sangre,

la misma

que transita y comienza,

a causa de morfologías fatales.

 

Una tregua a veces.

Se inventa la ternura, entre sábanas,

se busca en el repiqueteo

susurros de amor,

se desatan caballos rojos y eléctricos

por la piel,

fabulaciones de emergencia,

a estas alturas,

y el profano adolescente

todavía no se ha marchado.

 

Qué afortunados

aquellos dioses del Olimpo,

todos envidiamos sus metamorfosis,

bramido que seducía

o lluvia profundísima,

ellos también

tenían necesidad de palpitar y estallar,

como cualquier hombre,

solamente las rocas

escapan.

 

Al fin acero antiguo,

siempre nos maravillamos de la dilatación,

deleitarse

con la mecánica de los líquidos,

un relámpago,

y sin embargo total, sublime,

se olvida entonces

la destrucción y lo azul,

revisitamos un aquí más

de los varios paraísos artificiales.

 

Después la calma,

sopor que quisiéramos interminable,

si hubiera unos cabellos

que mimar,

acaso una cabeza de melocotón

sobre el desnudo pecho,

mientras tanto,

el sol entraría por las rendijas,

mostrando todo,

la existencia triunfaría.

 

De El viajero

7 comentarios to “Eros contra Tánatos”

  1. Precioso y sutilmente erótico. Abrazo de luz

  2. Me gustaría tener cabeza de melocotón 😊… Se antoja el poema😁

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