L. Juegos en el cementerio

A la mañana siguiente el pequeño Gabriel se despertó con fiebre, no podía ir a clase. De todas maneras el colegio estaba cerrado. Durante una semana hubo un riguroso luto en el pueblo. Cuando el guarda del cementerio viejo había ido como de costumbre a hacer limpieza, se encontró con un espectáculo macabro, los cuerpos espantosamente descuartizados de cuatro chiquillos. La noticia conmocionó a todos. La versión oficial señalaba que había sido probablemente obra de lobos. Sin embargo los del pueblo sabían perfectamente que un lobo no era capaz de hacer aquello. Regresaron las supersticiones y nadie se atrevió a pisar el lugar. Gabriel no recordaba nada de aquella trágica noche, como si se hubiese anulado su memoria temporalmente, resultaba muy inquietante. Y nunca pudo explicarle a su abuela cómo perdió la ropa que llevaba puesta.

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