LI. El hombre de Babel

El informe estaba dentro de un sobre con una etiqueta. En ella sólo constaba el número de identificación. L-471. El encargado del archivo le recomendó que lo tratara con sumo cuidado, se trataba de un texto original del siglo XIX, las páginas podrían convertirse en ceniza en cualquier momento. El joven universitario se molestó ligeramente, él no era un principiante, estaba acostumbrado a manipular textos antiguos, en el año y pico que llevaba realizando su tesis había recorrido decenas de bibliotecas. Más tarde observó que el celo del funcionario estaba plenamente justificado. Aquel informe presentaba un caso único, no existía ni un solo caso similar en la historia, su valor por tanto era incalculable. Sin embargo, había ido a parar a un sucio y húmedo archivo de la ciudad. El tiempo, y sobre todo la impotencia de los intelectuales de la época, lo cubrieron con el olvido. El estudiante sentía que estaba haciendo algo muy especial recuperando ese texto, era un acto de justicia, o al menos eso es lo que creía él, por otra parte, quizá él mismo podría aportar algo, despejar las incógnitas que nadie había podido solucionar.

Continuará

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