LII. Diario de un buscador de sirenas

4 de enero. El tiempo está cambiando, cosa que señala la proximidad de un temporal. Esmann está muy ocupado en sus estudios. Supongo que es lo que había estado esperando toda su vida, poder examinar directamente un ser nuevo, nunca antes comentado con rigor científico. Dentro del recipiente la sirena puede nadar un poco, pero es evidente que está triste, debe sentirse cautiva. Es incapaz de pronunciar palabras, al menos como las concebimos los humanos, parece que se comunica mediante extraños silbidos, quizá algún día podamos entendernos. No la considero un pez, a pesar de su gran aleta, aunque tampoco podría afirmar con toda seguridad que es una mujer, lo cierto es que una criatura bellamente compleja, un híbrido, como dice el profesor.

5 de enero. Estoy un tanto preocupado por el inminente temporal. De todas maneras, no sería el primero con el cual me enfrento. Asimismo confío totalmente en mi tripulación. Todos deseamos regresar a Dinamarca y revelar al mundo este gran descubrimiento que transportamos en la bodega. Debo confesar que no me interesa gran cosa la fama, eso es para los engreídos, sino el bien del conocimiento humano, ayudar a contestar una de las grandes preguntas que siempre nos hemos hecho.

Continuará

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