LVI. Juegos en el cementerio

La pista que le habían dado los de la fingida hermandad era que el objeto se hallaba a los pies de un ángel. Vaya una tontería, pensó al principio, si los ángeles son un cuento chino. Aún así tenía la determinación de encontrar lo que le habían exigido. Deseaba con todas sus fuerzas que eso sucediera pronto, estaba descubriendo que un cementerio no es un lugar muy agradable, sobre todo por la noche. La luz de la luna cambiaba las cosas, incluso las cruces parecían agitarse con el viento. Sólo escuchaba su propia respiración entrecortada y los ecos de sus pasos. El resto era silencio. Un silencio insoportable. Después de dar varias vueltas se tropezó con lo que andaba buscando. Ante sus ojos desorbitados apareció, como surgido de la nada, un ángel. Aquella figura, lejos de inspirarle bondad o ternura, como las que salían dibujadas en sus libros de catequesis, le provocó un profundo espanto. Se hallaba casi ennegrecida por los siglos y el moho, daba la impresión de que sus inmensas alas lo iban a rodear, su rostro lo observaba con severidad. Se trataba de un rostro de mujer que sin embargo era bello. Quizá su madre se parecía. Por un instante Gabriel esbozó una sonrisa. Recordó que su abuela le había dicho que su madre había sido azafata de vuelo. Pronto regresó a la realidad. Sus cabellos se erizaron. Pudo ver una lágrima que resbalaba por la mejilla del ángel.

Continuará

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: