LXXI. Los sónicos

Llegué a salir al andén la siguiente vez que paró el metro, sin embargo era como si estuviera condenado a viajar para siempre en aquel vagón, ya que después de unos segundos volví a subir. No, no me había vuelto loco ni me encontraba bajo la influencia de unas mentes perversas. Cuando estaba afuera, me di cuenta que entre la gente que subía había alguien que conocía, una chica que estudiaba en la Universidad. Apenas habíamos intercambiado unas palabras en clase, pero me sentía unido a ella, me había tocado el corazón. Así que decidí hacer de héroe. Una vez dentro del vagón me dirigí rápidamente hacia la chica de mis sueños. Era tan preciosa, mirándome sin decir nada con sus tiernos ojos azules. Suspiré aliviado. Unos cables sobresalían de sus cabellos cortos y negros. Llevaba también reproductor de música. No me atrevía a hablar, en parte por timidez y en parte porque si lo hacía, ella se quitaría los auriculares. Conocía las espantosas consecuencias de no escuchar música en aquel vagón. Permanecí junto a ella, callado y observándola de vez en cuando con un rostro que debía ser bastante estúpido. Supongo que estaría sorprendida de mi actitud. Deseaba llegar cuanto antes a la parada de la Universidad. Salir de aquella pesadilla. Salvarnos.

Continuará

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: