LXXVIII. La desaparición de Ambrose Bierce

Salió a la calle con la determinación de un héroe antiguo. Las sorpresas continuaban. Una noche muy extraña se cernía sobre el pueblo. No vio a nadie, pero podía escuchar un leve zumbido. Le pareció que procedía de la plaza mayor. A medida que se aproximaba el ruido se iba haciendo más intenso. En la plaza era casi insoportable. El viejo ya iba a dar media vuelta cuando distinguió unas formas entre la penumbra. Se frotó los ojos. Aunque no podía ver los rostros, ensombrecidos, supo que aquellas personas eran las mismas que habían caído en la matanza hacía tan sólo unas horas. Los seres caminaban con los brazos extendidos hacia él. Aterrado, comenzó la huida. Pero se paró al instante. Otro grupo le cortaba el paso.

Estas fueron las horribles circunstancias en las cuales desapareció Ambrose Bierce. Y es que, como afirmaba el doctor Hern, en el mundo visible que llamamos realidad existen “agujeros por los que pueden caer los objetos animados o inanimados, sin que vuelva a saberse nada más de ellos”.

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