Nocturno del tacón

Luna violentamente total.

Aullidos de voyeurs dilatándose.

Otra metamorfosis

para mi cuaderno de bitácora enmohecido.

No importa la ruta.

No importan los compañeros de perfume.

No importan la meteorología sudorosa

ni los arrecifes de cristal.

Mi voluntad es una nave

de desconocido pavor a la inmovilidad.

 

Una estatua me vigila

desde sus ojos petrificados y somnolientos,

ojos que han arrancado

siglos bizarros de navegaciones

en esta ciudad con nombre de ella.

Hembras irreales,

nuevas amazonas de rosas carnívoras,

vendiendo amores de emergencia,

deslizándose por el pavimento palpitante,

exhibiendo colmillos desmesurados.

¿Me rendiré alguna vez a sus abismos?

Sólo el náufrago

conoce los arcanos de las olas.

Miles de mortales y yo

cruzamos un puente sobre aguas divertidas

hacia sirenas de arco iris.

Me confieso un anatomista impenitente,

un cazador de geometrías,

un coleccionista incompleto

que arrastra un cansancio de eternidades.

 

Tal vez un posible edén.

Murmullo de copas chocando

cerca de las caracolas.

Suavemente las astillas de otros exploradores

son abandonadas.

Descubro la existencia de las ninfas,

ninfas de labios salados,

descubro superficies doradas,

descubro brevedades y convexidades.

Océano de movimientos eléctricos.

 

De Según un cazador de mariposas

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