Oráculo

Al principio la segunda ley, que inventamos,

ignición,

un solo acorde primigenio y total

fecunda todo,

desvaneciendo los silencios sombríos.

 

Amanece,

sol violentamente alegre,

sus rayos me contagian, me transportan.

No importa

quién o qué ha raptado la lluvia,

estos cielos están de nuevo limpios,

gritan una oportunidad

que quiero escuchar,

como la música

de cuerdas interminables y doradas.

 

Regresa el niño,

con sus pupilas de colores,

me asomo de esta manera al mundo

y sobrevivo,

no es necesario nada más.

Imagino

un viaje,

un rostro tiernamente invasor,

una nómina rotunda,

todas esas pequeñas cosas que espero.

 

Golondrinas y eclosiones inmediatas,

engranaje que funciona,

en mi espejo

se dibuja una sonrisa sincera,

el mañana tiene nombre de quizás.

 

De El viajero

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