Reconciliación

Un gigantesco colador se ha instalado
hoy en el cielo,
regalando discontinuos haces
de una luz casi invisible, lívida,
sobre las superficies de mi ciudad,
diseminando una insoportable ternura.

Había olvidado
la esencia de naturaleza lavada,
los paraguas siempre condenados,
la soledad
tras persianas que ríen y mienten,
los cielos vestidos de luto.

Desaparece el tiempo
entre sábanas de caramelo,
se pasea en pijama la apatía
por la habitación de penumbra,
solamente repiqueteo eterno
y sucesiones devastadas de memorias.

Con curiosidad
de vaga criatura antediluviana
me asomo y contemplo,
es la misma compañera de profundidades,
la misma cómplice perfecta
de tardes de almidón y cristal.

Sin embargo sé,
como siempre he sabido,
que después de la lluvia
viene a consolarnos el arco iris,
que no pintan de azul nuestras vidas,
que las esperanzas dejan de ser potencias.

 

De La Edad de la lluvia

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