Rosa árabe

¿Para quién? ¿hay alguien? ¿habrá?
Según la alquimia azul,
que por cierto nunca contesta,
esto que voy acarreando no es rosa sino cruz,
fragmento
de una travesía esquiva y polvorienta,
los plátanos podrían narrar,
horriblemente
he conocido las espinas,
asimismo las palabras
que contra mi oído musitaron falsos ángeles.
Negación, desencanto, martirio.
Avanzo con manos crispadas,
de cordero que se resiste,
he arrojado todas las providencias y vocaciones,
demasiada carga sobre mi espalda,
en un segundo
desaparecieron felizmente hechas astillas
en el vórtice de una batalla privada,
debe ser la segunda ley.

Demasiadas distancias
amarrado a un frágil y solitario madero,
narcotizado por la pesadilla de lo incompleto,
deshojando
como un vaticinador cualquiera.
Cuando pienso
que hasta el más miserable puede regalar,
confieso
una envidia salvaje
hacia todos esos seres que poseen destinatario,
incluso pisotearía sus estúpidas flores,
ellos no se maltratan cavilando,
han explorado cientos de veces
territorios tibios,
el caprichoso ajedrez les sonríe a menudo.
Sin duda, mi corazón
sobrelleva un cansancio de siglos,
descomunalmente viejo,
la necesidad de alguien con nombre de ella
es ya celular.

 

De El viajero

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