Saboreando

Como sangre escanciada

gozamos

con cada arrebatadora gota,

alzando

nuestras copas

con un deseo que mueve planetas,

tan sedientos

que nunca nos llenamos

ni cansamos

con este vino,

digno de aquellas divinidades antiguas,

radiante

entre velas que arden

con el aroma de nuestra piel,

el tiempo

detiene sus interminables pasos

mientras saboreamos,

solamente

nosotros entre las sábanas,

con estas copas que derraman placer.

 

De Cuando los átomos se aman

 

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