XCI. Creencias

El padre avanzó un paso y se detuvo. Un olor nauseabundo salía de la habitación, lo más inquietante es que no creía que se tratase de orín u otra cosa similar, era algo que recordaba la pestilencia de una bestia.
– ¿Has hecho algún experimento de los tuyos?
– Yo no he hecho nada, son ellos.
– Está bien, ya me he cansado.
– ¡No, no pases, papa!
Esta vez atravesó el umbral. Tuvo que taparse la nariz. Pensó que quizá alguno de los amiguitos del niño le había dejado su mascota. Pero no encontró ninguna jaula. Por otro lado el olor era demasiado intenso para pertenecer a un animal como un hámster o una tortuga. En un momento dado observó algo que sobresalía por debajo de la cama. Sus pupilas se dilataron de asombro.
– ¿Qué demonios es eso?
Aquellas fueron sus últimas palabras. Un enorme y gelatinoso tentáculo lo sujetó por el cuello y lo arrastró hasta las profundidades de la cama. Nadie lo vio nunca más, ni siquiera se halló una sola gota de sangre o un resto de su cuerpo. El único testigo del terrible suceso, su hijo, quedó completamente mudo a partir de ese día.

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2 comentarios to “XCI. Creencias”

  1. muy bueno, me ha gustado mucho

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