XCIII. Lo que no debería ser

– La culpa la tiene el director del banco.
– ¿Cómo dice?
– Sí, ese estúpido que sólo sabe espiar.
– Bueno, bueno, ¿podría ceñirse a su problema?
– Hace mucho tiempo que no duermo bien, ¿sabe usted lo que es eso? Pasarse horas y horas contemplando el techo, sin poder cerrar los ojos, escuchando el más mínimo ruido, como un coche que pasa a toda velocidad por la calle o el goteo de algún grifo. Es insoportable. Lo he probado todo. Barbitúricos, tranquilizantes, valeriana, yo qué sé cuántas cosas. Nada funciona. Por las mañanas me levanto convertido en un zombi, con unas ojeras terribles, cansado, el mundo se vuelve borroso.
– Y el director lo amonesta. Entiendo.
– ¡No, no entiende nada!
– Trate de calmarse, señor Oliveira, o me veré obligado a dar por acabada nuestra conversación.
– La otra noche estuvo en mi casa.
– ¿Quiere decir que su director fue a visitarle?
– Quiero decir que realmente estuvo. Debían de ser las tres y media de la madrugada, lo sé porque miro el reloj constantemente, pues bien, me pareció ver una sombra reflejada en la ventana, enseguida me levanté, tal vez había alguien, incluso podía ser un ladrón, cogí una pistola que siempre guardo en el cajón de la mesilla y, con mucha cautela, me adentré en el pasillo, apenas veía, la luz de la calle no llegaba bien, por supuesto no encendí la de casa, eso me hubiese delatado en el acto, intenté captar algún ruido que pudiera hacer el intruso, nada, continué caminando, abrí muy lentamente la puerta del comedor, y allí estaba él, sentado en mi sillón, vestido con mi albornoz y bebiendo mi whisky, su rostro no mostraba sorpresa, ni siquiera ante el arma que lo apuntaba, me sentí un extraño en mi propia casa, una idea pasó por mi cabeza en aquel momento, ¿y si todo era simplemente un sueño? Pero no, yo podía sentir mi corazón latiendo con violencia y el sudor que resbalaba por mi espalda, aquello era real, muy real, el director estaba sentado sin pronunciar palabra, diría que encontraba divertida la situación, seguramente se estaba burlando en secreto, saboreando mi impotencia.

Continuará

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