XCIX. De musica sphaerarum

– ¿Qué estás haciendo tú aquí? – Exigió una mujer enfadada.
– Yo… es que… perdone… – El joven no sabía cómo excusarse.
– ¿Qué libro es ese?
– Alguien me dijo que viniese a cogerlo.
De repente la mujer se quedó callada, su rostro se ensombreció, como si hubiera recordado una desgracia. Debía tener unos cuarenta años, vestía de manera informal y realmente era atractiva.
– ¿Va a llamar a la policía? – Preguntó Salva.
– No, no lo haré. – Contestó ella con tranquilidad.
– ¿Por qué?
– ¿Quieres un café? Tenemos muchas cosas que hablar.
A pesar de una cierta preocupación que no podía disimular, la mujer se comportó con gran amabilidad, no parecía sorprendida por la peculiar visita.
– Yo me llamo Laura y tú eres…
– Salva.
– Muy bien Salva, cuéntame cómo has llegado hasta aquí y, por favor, no me llames de usted.
El joven le explicó con todo detalle lo que le había sucedido la noche anterior. Ella escuchaba atentamente. Mientras tanto la cafetera se iba vaciando.
– Todo concuerda. – Murmuró Laura.
– ¿Todo? ¿Qué?
– Ese monstruo que se te ha aparecido era Dante, mi novio. Era guitarrista como tú. Tocaba en un grupo que se llamaba HPL, no me dijo por qué se habían puesto ese nombre tan raro, él sabría. El caso es que estaba obsesionado por tres cosas en la vida, una era yo y las otras dos la música y el esoterismo. Debes haber visto todos sus libros, los cuidaba como si fuesen sus hijos, especialmente el que se te cayó. Nunca hablábamos de esa extraña afición, yo confiaba en él y eso me bastaba. Pero con el tiempo se volvió huraño y misterioso. Siempre estaba encerrado en su estudio, casi no hablaba conmigo, incluso dejó el grupo. Una vez lo espié, sé que no tenía que hacerlo, pero estaba muy preocupada. Estaba tocando y delante tenía abierto ese libro viejo. Lo más extraño de todo es que tocaba con los auriculares puestos, como si no quisiera que alguien lo oyese. Los días pasaron hasta que una noche vi que estaba muy nervioso, al borde de la histeria, le pregunté qué le pasaba pero no me contestó, se levantó y se fue a su estudio. Yo me quedé en la cama, esperándolo, al final me dormí. Me desperté con olor de humo en la nariz, como si algo se estuviera quemando, entonces escuché un grito terrible, que me partió el corazón. Era Dante. Casi me vuelvo loca, corrí hacia la habitación donde estaba, intenté abrir la puerta, no pude, estaba atrancada. Lo llamé varias veces y no hubo respuesta. Las llamas empezaban a extenderse por la casa. Salí a la calle, gritando, pidiendo socorro. Enseguida algunos vecinos vinieron a ayudarme. Consiguieron apagar el incendio, pero mi novio ya estaba muerto, no me dejaron verlo, imagínate en qué estado quedaría. Fue horrible.

Continuará

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