XCV. De musica sphaerarum

– ¿Te pasa algo, muchacho?
– No… no es nada.
– Entonces, ¿te la quedas?
– La verdad es que está bastante bien, me gusta el sonido y se nota que la han cuidado, por otro lado me la puedo permitir.
– Veo que nos entendemos.
De esta manera consiguió aquella guitarra, estaba contento por haber encontrado lo que consideraba una ganga y no le dio importancia a las visiones que había tenido. Por la tarde se presentó en el local de ensayo con su nuevo instrumento. Sus amigos también se alegraron. El grupo estaba grabando una maqueta y pensaban comenzar a actuar en clubs. Salva estuvo tocando varias horas y no sucedió nada anormal, al contrario, se sentía confiado, inspirado, optimista. Cuando acabó la sesión todos coincidieron en asegurar que habían sonado como nunca. Fueron a tomar unas cervezas y comentaron sus ideas sobre el futuro.
Se acostó tarde, había estado viendo una de esas películas subtituladas que siempre emiten a altas horas, lo cierto es que se hallaba excitado. Aquel día había sido intenso. Tenía muchas ganas de tocar en público, de grabar para alguna discográfica, de convertirse en un profesional. No es que estuviese cansado de dar clases de guitarra, realmente disfrutaba enseñando a los demás, simplemente creía que debía empezar otra etapa en su vida. Sabía que era un camino difícil. La mayoría de músicos acaban actuando en fiestas de pueblo o, como él, se dedican a la enseñanza. Sin embargo a sus veinticinco años todavía tenía ilusión, merecía la pena intentarlo, las cosas no estaban decididas. Enredado en estos pensamientos, le llegó el sueño y la realidad se fue desvaneciendo como las últimas notas de una canción. De nuevo las imágenes veloces y borrosas. Una habitación. Humo. Un libro que se cae. Fuego. Gritos. Oscuridad. Qué significaba. Se despertó con la frente sudorosa y el corazón latiendo furiosamente. Esta vez había podido ver más. La habitación que ardía no era la suya y eso lo tranquilizó un poco. Después pensó que estaba desvariando, solamente había sido una pesadilla, consecuencia de sus emociones e inquietudes.

Continuará

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