XXIX. La redacción

Llevaba ya un buen tiempo observando el folio. Completamente en blanco. La maestra les había mandado una redacción. El tema era aparentemente sencillo. Mi casa. Pero el pequeño Ulises no sabía qué escribir. Y es que hasta donde alcanzaba su memoria siempre había estado viajando. Sus padres trabajaban en un circo. Viajaban todos de ciudad en ciudad. Sin parar. Nunca había estado más de unos pocos meses en un mismo lugar. De manera que no sabía cuál era realmente su casa. Los demás niños tenían un espacio muy determinado al cual llamar casa. Ulises no. Pensó que quizás podría ser el circo. Pero el circo no era un lugar en que pasara mucho tiempo, de hecho sus padres preferían que se mantuviera alejado, querían que su hijo estudiara para tener un futuro distinto y – la palabra más adecuada sería – sedentario. Definitivamente el circo no era su casa. Siguió pensando. Todavía no había escrito. Ni siquiera había cogido el bolígrafo. La maestra lo miraba de vez en cuando. El rostro de aquella mujer no reflejaba seriedad, sino más bien preocupación. Conocía perfectamente a Ulises. Quizás el tema de la redacción no resultaba muy agradable para un niño que llevaba una vida nómada. Pero el pequeño Ulises no estaba triste. Solamente quería escribir su redacción. Pensó en la escuela donde estaba ahora. En aquella ciudad. Podía afirmar que era su casa al menos en ese momento. Y las otras ciudades en las cuales había estado. También podían haber sido su casa. Esa era la clave de su redacción. No tenía una sola casa. Ulises miró a su maestra. Sonrió. Ella también. Cogió el bolígrafo y empezó a escribir. Vertiginosamente. Tenía mucho que escribir. Muchas casas que describir. Mucha vida que contar.

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4 comentarios to “XXIX. La redacción”

  1. Este es el relato ganador del concurso literario organizado por la librería de Deusto. Gracias a todos y todas por leerme.

  2. Sencillo y profundo. Conciso y expresivo. No sobran las palabra… me llevan a un mundo donde era feliz…
    Una cabaña con techo de paja
    Una cocina con una habitación cama de hierro y colchón de lana
    Un majal de campo, con garbanzos y papas
    Alguna gallina, conejos y pavos
    La sierra lamiendo mis ojos
    y unos padres que amaban.
    Dinero no sabia que era
    Se cambiaban entre ellos alimentos que faltaban
    Mi perro jugaba conmigo era mi único amigo del alma
    Los animales del campo eran mi única fauna.
    Pero la libertad era total, sin prisas ni miedos ya que nada teníamos y nada nos podían quitar.
    Hoy todo es una mentira que me ahoga y quema mi alma
    Gracias por la labor que realizáis. La cultura es el pan que se nos negó… y hoy los mismos de antaño nos vuelven a recordar que solo ellos son los que tienen derecho a vivir y soñar, los malditos que machacaron este país que se unde de miseria, ambre y dolor.

    un saludo

    Antonio

  3. […] Relato ganador del XV Concurso de Relatos Cortos de La Librería de Deusto. […]

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