XXXV. Solamente el tiempo sabe

Las doce en punto. Los cuatro miembros de la misión se hallaban dentro de la máquina del tiempo. Además del comandante y la doctora, también viajaban un historiador y un oficial médico. Una vez hubieran atravesado el agujero de gusano, desconocían lo que sucedería, nadie lo había hecho antes. El generador del agujero, que funcionaba con energía nuclear, se había puesto en marcha. Seguidamente, entre radiaciones de altísima intensidad, fue surgiendo la fantástica puerta, una especie de vórtice de tornado. Como es obvio, todo sucedía dentro de una sala completamente aislada, cualquier pequeño escape produciría una catástrofe, según los científicos, equivalente al poder destructor de cinco mil bombas atómicas. El viaje comenzó. Al contrario de lo que esperaban, los viajeros no experimentaron aceleraciones ni turbulencias, es como si estuviesen inmóviles. La ruta había sido programada, estaba fijada en un siglo hacia adelante, es decir, principios del siglo XXII. Sin embargo, el comandante comprobó que el panel de la fecha se había disparado, casi no podía seguir los números, habían rebasado ya el punto de llegada. Esto no estaba previsto. Adónde iban. Después de lo que para ellos habían sido unos minutos, la fecha se detuvo en el año 1.256.471. No podía creerlo. Se habían alejado enormemente del destino, los científicos se equivocaron en sus operaciones.

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